Qué es la artrosis de rodilla
La artrosis de rodilla, o gonartrosis, es un proceso que afecta a toda la articulación: el cartílago, el hueso que hay debajo, la membrana sinovial, los ligamentos y los músculos que la rodean. No es solo un «desgaste» mecánico de la rodilla: los tejidos de la articulación se remodelan continuamente y su estado depende, entre otras cosas, de cómo se cargan. Las molestias suelen aumentar por brotes: periodos de más dolor e hinchazón se alternan con semanas de relativa calma.
Conviene saber que la imagen de la radiografía predice mal la intensidad del dolor. Hay personas con cambios avanzados en la radiografía que se mueven bien y apenas tienen molestias, y otras que sufren mucho con cambios leves. En personas de más de 45 años con síntomas típicos, el diagnóstico suele establecerse a partir de la anamnesis y la exploración clínica: no hace falta una radiografía para empezar a hacer ejercicio.
El ejercicio y la educación como base del tratamiento
Las guías clínicas actuales coinciden en que el primer paso en el tratamiento de la artrosis de rodilla son el ejercicio y la educación y, en personas con sobrepeso, también la pérdida de peso. Un ejemplo de este enfoque es el programa GLA:D, que combina información sobre la enfermedad con ejercicios supervisados de fuerza y control del movimiento. En la clínica trabajamos con principios similares: le explicamos qué ocurre en la articulación, cómo interpretar el dolor durante el esfuerzo y cómo dosificar la actividad, y después le guiamos en un programa progresivo de ejercicio terapéutico.
Un cuádriceps y unos glúteos más fuertes amortiguan mejor las cargas y mejoran la estabilidad de la rodilla. Incluso una pérdida de peso moderada descarga notablemente la articulación al caminar y en las escaleras. La terapia manual y el trabajo sobre tejidos blandos pueden reducir el dolor a corto plazo, pero son un complemento: no sustituyen al ejercicio regular.
En las fases de brote, cuando la rodilla está más hinchada y dolorida, no interrumpimos la actividad por completo, sino que reducimos temporalmente su dosis. Los primeros efectos del programa de ejercicios suelen notarse al cabo de unas semanas, y se mantienen cuando los ejercicios pasan a formar parte fija de la semana.
Qué evitar y cuándo acudir al traumatólogo
No se recomienda el lavado artroscópico ni la «limpieza» de la articulación en la artrosis: no da mejores resultados que un tratamiento conservador bien llevado. También en las lesiones degenerativas de menisco en personas de más de 40 años se empieza por el tratamiento conservador, porque el ejercicio da resultados comparables a los de la artroscopia; hablamos de ello con más detalle en la página sobre la lesión de menisco. Evitar el movimiento por miedo a «desgastar» la rodilla tampoco ayuda: la inactividad debilita los músculos y suele aumentar las molestias.
La consulta con el traumatólogo es necesaria cuando, a pesar de varios meses de tratamiento constante, el dolor y las limitaciones dificultan claramente la vida diaria. Es el traumatólogo quien valora si está indicado el tratamiento quirúrgico y cuándo.
Cómo mantener los resultados en el día a día
El programa de ejercicios funciona mejor cuando no termina con las visitas. Tras unas semanas de trabajo en la clínica, acordamos una rutina que pueda hacer por su cuenta y el umbral a partir del cual conviene reducir la carga durante un tiempo. Cada pocos meses es buena idea revisar los progresos y aumentar el peso: una rodilla que ha dejado de doler sigue necesitando estímulo para que los músculos no pierdan fuerza.
El objetivo sigue siendo el mismo: una actividad regular que le siente bien (caminar, bicicleta, natación o ejercicios en el gimnasio) y una rodilla en la que pueda confiar en el día a día. Los detalles los concretamos en la visita.