Gemelo o sóleo: dos lesiones distintas
La pantorrilla está formada principalmente por dos músculos. El gemelo (gastrocnemio), más superficial, cruza la articulación de la rodilla y la del tobillo, trabaja en los impulsos rápidos y es el que con más frecuencia sufre una rotura repentina, normalmente en su porción interna. Es la llamada «pierna de tenista»: un dolor agudo en mitad de la pantorrilla al arrancar hacia la pelota, al saltar o al esprintar, a menudo con la sensación de haber recibido un golpe por detrás.
El sóleo está más profundo, cruza solo la articulación del tobillo y trabaja con especial intensidad con la rodilla flexionada, entre otras cosas en cada zancada de la carrera. Sus lesiones suelen desarrollarse de forma gradual: la pantorrilla se pone rígida y duele cada vez más durante la carrera, sin un momento claro de lesión. Estas molestias a menudo se subestiman, y pueden reaparecer si se vuelve a correr demasiado pronto.
Primero descartamos lo urgente
Antes de ocuparnos del músculo, comprobamos dos situaciones que requieren un médico. La primera es la rotura del tendón de Aquiles: el momento de la lesión es parecido, pero lo que la delata sobre todo es un hundimiento palpable en el tendón por encima del talón y una prueba de Thompson positiva: si al apretar la pantorrilla el pie no se flexiona hacia abajo, el tendón puede estar roto. La dificultad para ponerse de puntillas aparece en ambas lesiones, así que por sí sola no permite distinguirlas. En la rotura muscular, el dolor y la sensibilidad se localizan en el vientre muscular de la pantorrilla y el tendón está íntegro. Las molestias crónicas del tendón las describimos aparte, en la página sobre el dolor en el tendón de Aquiles.
La segunda es la trombosis venosa profunda. La hinchazón de toda la pantorrilla, el aumento de temperatura, el enrojecimiento y un dolor que va en aumento sin un traumatismo claro (sobre todo después de un viaje largo, una operación o una inmovilización de la pierna) requieren una consulta médica urgente, no un masaje.
Tratamiento: carga temprana y progresiva
En los primeros días tras la lesión, la pantorrilla suele estar hinchada y duele al caminar. Ayuda elevar la pierna, una ligera compresión y evitar las actividades que provocan dolor agudo, pero sin reposo absoluto: se recomiendan paseos cortos dentro de lo tolerable. Con el tiempo, el hematoma puede desplazarse hacia el tobillo; normalmente se debe a que la sangre baja por gravedad, no a un empeoramiento.
En la rotura muscular no recomendamos una inmovilización prolongada. Durante los primeros días protegemos la pantorrilla (pasos más cortos y, a veces, el talón elevado dentro del zapato), pero volvemos pronto a caminar y a hacer ejercicios isométricos suaves. Después introducimos elevaciones de talones con la rodilla estirada y flexionada, aumentando progresivamente el peso, el número de repeticiones y la velocidad. Este ejercicio terapéutico es la base de la recuperación, igual que en la lesión de isquiotibiales.
El masaje y el trabajo sobre tejidos blandos ayudan en una fase posterior a reducir la tensión y las molestias, pero no sustituyen a los ejercicios. El tiempo de curación depende de la extensión de la lesión: en las roturas pequeñas, la vuelta al entrenamiento suele llevar unas semanas; en las más extensas, más.
Cuándo se puede volver a correr y al deporte
La vuelta no la decide el calendario, sino lo que es capaz de hacer la pantorrilla. La condición para volver a correr es hacer con soltura una serie de elevaciones de talones a una pierna y saltos sin dolor, con un resultado parecido al del lado sano. Antes de los deportes con cambios de dirección bruscos añadimos aceleraciones, frenadas y ejercicios de salto. También conviene mantener de forma permanente los ejercicios de fuerza de la pantorrilla, porque una rotura previa aumenta el riesgo de otra. Antes de un partido o de un entrenamiento intenso funciona bien un calentamiento breve con saltos y aceleraciones, que prepara la pantorrilla para el trabajo explosivo.
Conviene acudir en los primeros días tras la lesión: unos ejercicios iniciados pronto y bien dosificados facilitan la recuperación. Sin embargo, si los síntomas apuntan a una rotura del tendón de Aquiles o a una trombosis, póngase primero en contacto con un médico. Puede reservar cita a través de la página de Contacto.