Por qué duele el hombro
La articulación glenohumeral tiene una movilidad muy amplia y una superficie de contacto entre los huesos pequeña. Su estabilidad depende de los músculos del manguito rotador y del buen funcionamiento de la escápula. Cuando ese equilibrio se altera –porque los músculos están sobrecargados o débiles, o porque la escápula no acompaña el movimiento del brazo–, los tendones dejan de tolerar la carga que reciben y empiezan a doler. Antes se explicaba por un «pinzamiento» bajo el acromion; hoy se habla más bien de síndrome de dolor subacromial, porque lo que determina los síntomas es la tolerancia del tejido a la carga, no el espacio dentro de la articulación.
El escenario más habitual no es nada dramático: no hay lesión, solo un aumento de carga demasiado rápido. Un nuevo plan de entrenamiento, pintar la casa, una semana de trabajo con los brazos por encima de la cabeza. El tendón no ha tenido tiempo de adaptarse.
El segundo grupo son las personas que salen de un periodo de inmovilización del brazo: tras una fractura de muñeca, tras una operación, tras varias semanas con cabestrillo. El hombro pierde movilidad más rápido de lo que la mayoría espera, y recuperarla exige un trabajo sistemático del rango de movimiento antes siquiera de pasar a la carga.
Qué valoramos en la primera visita
Comprobamos a qué altura aparece el dolor y si el movimiento pasivo es mejor que el activo: esa diferencia a menudo permite distinguir entre un problema del tendón y una limitación de la cápsula articular. Valoramos la fuerza de cada uno de los rotadores, el ritmo escapulohumeral y la movilidad de la columna dorsal. También exploramos el cuello, porque el dolor de hombro puede ser un dolor referido; en ese caso lo abordamos como un dolor de cuello.
También es importante cómo reacciona por la noche. El dolor que le despierta al tumbarse sobre el lado afectado es típico de la irritación del manguito rotador y por sí solo no significa una lesión que requiera cirugía; más bien indica el grado de irritación del tejido.
Tratamiento y carga
La primera fase consiste en reducir las molestias y recuperar la movilidad: trabajo manual, técnicas sobre tejidos blandos y adaptación de los movimientos que en ese momento irritan el hombro. Pero esto es solo la preparación.
El trabajo de verdad lo hace el ejercicio terapéutico. Los tendones del manguito rotador solo recuperan su tolerancia a la carga cuando se cargan: de forma progresiva, en rangos controlados y con regularidad. La progresión suele durar entre varias semanas y unos meses, y es el motivo más frecuente por el que el tratamiento del hombro requiere más tiempo que el de la columna.
Cuánto dura
En una sobrecarga reciente, normalmente 6–10 visitas repartidas a lo largo de varias semanas, con ejercicios entre una y otra. Las molestias que duran meses y, sobre todo, el hombro congelado, cuyo proceso dura a menudo de 1 a 3 años, requieren un trabajo más largo y expectativas realistas: aquí la mejoría se mide en meses y el ritmo depende en gran medida de la constancia con los ejercicios. En cada visita comprobamos cómo ha respondido el hombro a la dosis de carga anterior y, a partir de ahí, decidimos el siguiente paso; por eso el plan va cambiando sobre la marcha en lugar de fijarse una sola vez al principio.