Qué es la discopatía y en qué se diferencia del dolor lumbar común
El disco intervertebral está formado por un anillo fibroso resistente y un núcleo gelatinoso. El término «discopatía» abarca una amplia gama de alteraciones: desde la pérdida de hidratación y de altura del disco, pasando por la protrusión, hasta la hernia, en la que parte del núcleo se desplaza más allá del contorno del anillo. Lo más habitual es que afecte a los dos niveles más bajos, L4-L5 y L5-S1, que soportan grandes cargas con mucha movilidad.
El informe de la resonancia por sí solo no dice qué es lo que duele. Las alteraciones de los discos son muy frecuentes en personas sin molestias, por lo que la mayoría de los episodios de dolor lumbar los abordamos de forma similar, sea cual sea el resultado de la prueba. Es distinto cuando la hernia irrita una raíz nerviosa: entonces pasa a primer plano el dolor en la pierna, a menudo con hormigueo. Describimos este cuadro con más detalle en la página sobre la ciática.
Cómo comprobamos si los síntomas vienen del disco
Empezamos por la anamnesis: cuándo apareció el dolor, qué lo agrava, si baja por debajo de la rodilla y cómo responde al estar sentado, al caminar y al estar tumbado. Después exploramos la sensibilidad, la fuerza y los reflejos: la dificultad para ponerse de puntillas o sobre los talones orienta sobre qué raíz está irritada. Las pruebas neurodinámicas y los movimientos repetidos en distintas direcciones muestran si los síntomas retroceden hacia la columna o bajan más por la pierna.
Si tiene el resultado de una resonancia, lo contrastamos con la exploración. Si no lo tiene, para empezar no es necesario. Le derivamos al médico cuando los síntomas neurológicos aumentan, el dolor es muy intenso y no responde al tratamiento o aparece cualquiera de las señales de alarma descritas en esta página.
Tratamiento conservador: qué funciona realmente
En la mayoría de las personas los síntomas disminuyen claramente en unas semanas, y la recuperación completa lleva de varias semanas a varios meses. La función de la fisioterapia es acompañarle durante ese periodo con el menor dolor posible y sin perder capacidad funcional y, después, guiar una recuperación que reduzca el riesgo de recaída.
La base es un movimiento adaptado a su estado actual: posturas de alivio, caminar dentro de lo tolerable y, a continuación, ejercicios de control del tronco y fortalecimiento de glúteos y piernas. La terapia manual y el trabajo sobre los tejidos blandos ayudan a reducir el dolor y la tensión, pero son un complemento: no sustituyen a los ejercicios. Tampoco prometemos «volver a colocar el disco en su sitio», porque con las manos no se puede hacer.
El adormecimiento del periné o los problemas para orinar o para controlar las deposiciones obligan a acudir inmediatamente a urgencias. El médico plantea la cirugía sobre todo ante una pérdida de fuerza que va en aumento o un dolor intenso en la pierna que no cede pese a un tratamiento constante. Después de la intervención también es necesaria la fisioterapia, que llevamos a cabo según las indicaciones del cirujano.
Volver a sentarse, a trabajar y a entrenar
La mayoría de las personas con discopatía no tienen que renunciar ni al trabajo de oficina ni al gimnasio. Lo que cambia es el camino hasta las cargas completas: periodos más cortos sentado interrumpidos por movimiento, alargar poco a poco los paseos y volver a levantar peso empezando con cargas ligeras y una técnica bien trabajada. Nos guiamos por la respuesta de los síntomas en la pierna: si se mantienen estables, avanzamos; si bajan más, frenamos un poco.
Si ha tenido otro episodio o, tras oír la palabra «hernia», le da miedo volver a moverse, empiece por una exploración rigurosa. Puede pedir cita a través de la página de Contacto.