En qué se diferencia la ciática del dolor lumbar común
El término «ciática» describe un síntoma, no un diagnóstico. Hablamos de ella cuando el dolor recorre el trayecto del nervio ciático – desde el glúteo por la parte posterior del muslo, normalmente por debajo de la rodilla –, a menudo con alteraciones de la sensibilidad o pérdida de fuerza. Sin embargo, los déficits neurológicos no son una condición imprescindible: el dolor radicular por sí solo, sin cambios en la sensibilidad ni en la fuerza, también es ciática. Esto la diferencia del dolor lumbar, que puede irradiarse al glúteo y al muslo, pero que suele detenerse por encima de la rodilla.
La distinción tiene importancia práctica, porque ambas situaciones se abordan de forma diferente. Cuando hay irritación de una raíz nerviosa – con mayor frecuencia por una hernia de disco intervertebral –, la clave está en encontrar la dirección de movimiento que hace retroceder los síntomas hacia la columna y en evitar las posturas que los empujan más abajo por la pierna.
Cómo es la exploración
En la primera visita comprobamos la sensibilidad en las distintas zonas de la pierna, la fuerza de los músculos que dependen de cada raíz y los reflejos osteotendinosos. A esto se suman las pruebas neurodinámicas y la valoración de la movilidad de la zona lumbar y de las caderas. Esta parte dura unos quince minutos, pero determina todo lo que hacemos después, incluido si se trata de un problema para fisioterapia o si primero hace falta una consulta médica.
También exploramos los músculos glúteos. La tensión del músculo piramidal o los puntos gatillo en el glúteo medio pueden producir un dolor muy parecido al radicular, pero responden a un abordaje completamente distinto, a menudo bien a la terapia manual y al trabajo sobre los tejidos blandos.
Qué puede esperar durante el tratamiento
Las primeras semanas se centran sobre todo en reducir la irritación: elegir posturas de alivio, trabajo manual y aprender a moverse sin provocar los síntomas. No se trata de evitar el movimiento, sino de dosificarlo con sensatez.
La siguiente fase es la de recuperación. Introducimos ejercicios que mejoran el deslizamiento del nervio a través de los tejidos, el control del tronco y la fuerza de los glúteos, aumentando la carga de forma progresiva. El ritmo depende de la respuesta: si los síntomas empiezan a bajar más por la pierna, damos un paso atrás.
La última fase consiste en volver a lo que hace en su día a día: coger en brazos a un niño, trabajar en el jardín, entrenar en el gimnasio. Es el momento de corregir la técnica y de acordar una rutina de ejercicios que realmente vaya a hacer en casa.
Cuándo conviene venir
No hace falta esperar a que el dolor se vuelva insoportable. Cuanto antes establezcamos qué ocurre exactamente en la pierna, más fácil será evitar semanas de tratamientos al azar. Si los síntomas duran más de unos días o reaparecen, conviene que los valoremos. Encontrará los detalles para pedir cita en la página de Contacto.