La luxación de hombro y lo que deja tras de sí
La articulación glenohumeral tiene una cavidad poco profunda, y su estabilidad depende de la cápsula, los ligamentos, el labrum y los músculos. En una luxación traumática –en la gran mayoría de los casos anterior, con el brazo levantado y llevado hacia atrás–, la cabeza del húmero se sale de la cavidad y a menudo lesiona el labrum y los ligamentos. Una vez recolocado el hombro, el dolor desaparece, pero la articulación puede haber quedado menos estable.
El mayor riesgo de una nueva luxación lo tienen las personas jóvenes, sobre todo las que practican deportes de contacto y de lanzamiento. Con la edad ese riesgo disminuye, pero aumenta la probabilidad de que durante la luxación se haya lesionado el manguito rotador. Por eso, tras una primera luxación siempre conviene consultar con el traumatólogo, que valorará si hacen falta más pruebas y si merece la pena plantearse una operación. Que le recoloquen el hombro en urgencias no pone fin al tratamiento: sin recuperar la fuerza y el control, la articulación sigue siendo propensa a nuevos episodios, y cada nueva luxación puede agravar las lesiones en su interior.
Inestabilidad sin traumatismo
Un grupo aparte son las personas con inestabilidad multidireccional. Suelen tener articulaciones muy móviles en general, y el hombro «se sale» en varias direcciones sin una lesión clara: al nadar, al hacer gimnasia, al estirar el brazo por encima de la cabeza y, a veces, en actividades cotidianas normales. Aquí la base es el tratamiento conservador: ejercicios que mejoran el control de la escápula y del manguito rotador, realizados con paciencia durante varios meses. La cirugía es la excepción y solo se plantea tras una rehabilitación bien hecha que no haya dado resultado.
En este grupo también es importante lo que no hay que hacer. Estirar el hombro «a la fuerza» o sacar a propósito el brazo de la articulación «para enseñarlo» no ayuda y puede consolidar el problema. En su lugar, trabajamos la fuerza en los rangos finales del movimiento y conseguimos que los músculos se activen antes de que la articulación llegue a su límite. En las personas con hiperlaxitud de muchas articulaciones también conviene ampliar la mirada a las escápulas, la columna dorsal y la condición física general, porque unos músculos cansados estabilizan peor la articulación.
Rehabilitación tras una luxación y tras la cirugía de estabilización
Tras una luxación tratada de forma conservadora, protegemos la articulación durante poco tiempo y después recuperamos el movimiento y empezamos a ganar fuerza lo antes posible. Introducimos de forma progresiva ejercicios en las posiciones en las que antes se salía el hombro, porque es precisamente ahí donde los músculos tienen que aprender a reaccionar más rápido.
Tras la cirugía de estabilización, la rehabilitación avanza por fases fijadas por el cirujano: un periodo de protección con algunos movimientos limitados, la recuperación progresiva del rango de movimiento y, después, la recuperación de la fuerza. Respetamos las limitaciones –tras la estabilización anterior, la más frecuente, sobre todo la rotación externa del brazo en las primeras semanas–, porque estirar demasiado pronto puede debilitar las estructuras reparadas.
Vuelta al deporte
La última fase se desarrolla en la sala de entrenamiento: ejercicio terapéutico con carga, lanzamientos, apoyos sobre los brazos, ejercicios reactivos y, en los deportes de contacto, también preparación para las caídas y los empujones. La experiencia en el trabajo con deportistas ayuda a planificar esta fase en función de la disciplina concreta y la posición en el terreno de juego. La vuelta la deciden la fuerza y la seguridad del hombro en las pruebas, no solo el número de semanas desde la lesión. Para la primera visita, traiga los informes de las pruebas y, si se ha operado, las indicaciones del cirujano. Puede concertar una cita a través de la página de Contacto.