Qué duele bajo el antepié
El antepié soporta una gran parte del peso del cuerpo al impulsarse en cada paso. Cuando la carga es excesiva o está mal repartida (por zapatos estrechos, tacones altos, mucha carrera o un dedo gordo rígido), aparece un dolor bajo las cabezas de los metatarsianos que se conoce, en general, como metatarsalgia. Suele ser un dolor sordo al caminar, que aumenta al final del día y con calzado de suela fina.
Una forma particular de dolor en el antepié es el neuroma de Morton, también llamado neuralgia de Morton. Es un engrosamiento de los tejidos que rodean el nervio digital que pasa entre las cabezas de los metatarsianos, con más frecuencia el tercero y el cuarto. Los síntomas son de tipo nervioso: ardor, pinchazos, sensación de corriente o entumecimiento de dos dedos contiguos, a menudo con la impresión de tener una piedrecita en el zapato. Es típico que se alivie al quitarse el calzado y masajearse el pie.
Valoración y cuándo hace falta un médico
En la visita establecemos dónde duele exactamente y exploramos el pie para valorar la sobrecarga de las cabezas de los metatarsianos, la irritación del nervio, la alineación del dedo gordo y de los demás dedos y la movilidad del tobillo. También revisamos el calzado que usa a diario y para correr, porque a menudo resulta ser el principal factor que mantiene las molestias.
Algunos síntomas requieren una valoración médica. Un dolor localizado en un punto concreto de un solo metatarsiano, con hinchazón en el dorso del pie y molestias también en reposo, puede indicar una fractura por estrés, sobre todo tras aumentar los kilómetros de carrera o las caminatas largas. El entumecimiento de todo el pie, de los dos pies o acompañado de dolor de espalda que se irradia a la pierna apunta a otro origen, por ejemplo una ciática. Cuando el cuadro no está claro, el médico puede pedir una ecografía, que muestra bien el neuroma.
Calzado, plantillas y ejercicios
El primer paso, y a menudo el más eficaz, es cambiar de calzado: una puntera ancha que no apriete los dedos, un tacón más bajo y una suela no demasiado blanda. En muchas personas también ayuda una plantilla con almohadilla metatarsal, es decir, un pequeño relieve justo por detrás de las cabezas de los metatarsianos. Aun así, su posición debe ajustarse de forma individual, y por eso lo valoramos en la consulta.
En la clínica aplicamos terapia manual del pie y trabajo sobre los tejidos blandos y, en paralelo, introducimos ejercicios para la musculatura intrínseca del pie, el dedo gordo y la pantorrilla. Una buena movilidad del tobillo y una pantorrilla fuerte ayudan a repartir mejor la carga al caminar y al correr. La fisioterapia no elimina el neuroma, pero junto con el cambio de calzado reduce claramente los síntomas en muchas personas. Si tras varias semanas de este tratamiento no hay mejoría, el médico valora otras opciones, como infiltraciones o cirugía.
Vuelta a la actividad
Aumentamos poco a poco la marcha y la carrera, observando la respuesta del pie por la tarde y al día siguiente. En la fase de más molestias es mejor limitar la carrera sobre el antepié, las cuestas y los saltos, y planificar los paseos largos con un calzado cómodo. También ayuda revisar los cordones: una puntera demasiado apretada puede comprimir el antepié igual que un modelo estrecho. A los corredores les recomendamos, durante un tiempo, menos series rápidas y menos carrera sobre superficies duras, y a quienes trabajan de pie, pausas y cambios de calzado a lo largo del día. Durante esta fase es mejor dejar aparcados los zapatos de puntera estrecha y afilada o de suela muy fina.
A menudo coexisten otras sobrecargas del pie, por ejemplo el dolor de talón; en ese caso el tratamiento abarca todo el pie y la pantorrilla. Los detalles los concretamos en la visita.