Qué es el hombro congelado
La cápsula articular del hombro es una envoltura elástica que, en una articulación sana, permite un rango de movimiento muy amplio. En el hombro congelado se produce en ella una inflamación y, después, la cápsula se engrosa y se retrae. La articulación pierde literalmente su holgura; por eso el movimiento está limitado no solo cuando levanta el brazo usted mismo, sino también cuando el fisioterapeuta intenta movérselo. Lo que más se resiente es la rotación externa del brazo.
La enfermedad afecta sobre todo a personas de entre 40 y 60 años. Suele aparecer sin una causa clara, aunque es más frecuente en personas con diabetes o enfermedades de la tiroides y tras un periodo de inmovilización del brazo. El hombro congelado no se debe a «haber cogido frío» ni a una falta de movimiento por su culpa, y un diagnóstico precoz permite evitar meses de estiramientos dolorosos e ineficaces.
Las tres fases de la enfermedad
La primera fase –la dolorosa, también llamada fase de congelación– suele durar unos meses. Predomina un dolor intenso, también por la noche, y el movimiento empieza a reducirse poco a poco. En la fase de rigidez («congelada»), el dolor disminuye, pero el hombro está más rígido que nunca: cuesta llevar la mano a la espalda, peinarse o ponerse una chaqueta. La fase de descongelación es un lento retorno del movimiento.
Todo el proceso dura normalmente de uno a tres años. En la mayoría de las personas termina con una buena recuperación funcional, aunque en algunas queda cierta limitación del movimiento o molestia, por lo general leve. Las fases no tienen límites nítidos y a menudo se solapan.
Cómo es el tratamiento en cada fase
En la primera visita comprobamos si los síntomas encajan realmente con un hombro congelado. Una limitación del movimiento parecida pueden producirla, entre otros, cambios degenerativos avanzados de la articulación, calcificaciones o una luxación que pasó desapercibida tras una lesión; por eso a veces hace falta una radiografía, que solicita el médico. El dolor al levantar el brazo con el movimiento pasivo conservado apunta más bien al problema que describimos en la página sobre el dolor de hombro.
En la fase dolorosa, la prioridad es controlar el dolor, no pelear por el rango de movimiento. Utilizamos técnicas suaves de terapia manual y movimiento dentro de un rango cómodo, porque los estiramientos intensos en esta fase suelen empeorar los síntomas. Si el dolor le quita el sueño y le impide hacer los ejercicios, merece la pena hablar con el médico sobre una infiltración de corticoides; la decisión le corresponde a él, y nosotros adaptamos a ella el plan de ejercicios. En las fases siguientes aumenta la intensidad: movilizaciones articulares, estiramiento de la cápsula y, después, ejercicios de fuerza.
Qué puede esperar
La fisioterapia no hará que el hombro congelado desaparezca en unas semanas, y se lo decimos con franqueza. Lo que sí aporta es una diferencia real en cómo atraviesa cada fase: menos dolor, mejor descanso, más movimiento en las actividades cotidianas y una recuperación más rápida de la fuerza cuando la articulación empieza a descongelarse. En esta última fase incorporamos el ejercicio terapéutico para fortalecer de nuevo los músculos debilitados tras muchos meses protegiendo el brazo.
Sin embargo, gran parte del trabajo lo hace usted entre visitas: una breve rutina de ejercicios repetida a diario en casa es, para el hombro, al menos tan importante como el propio tratamiento en la clínica. Por eso nos aseguramos de que haga los ejercicios con seguridad y sin un dolor excesivo. Ajustamos la frecuencia de las visitas a la fase de la enfermedad y a cómo se desenvuelve con los ejercicios por su cuenta. Los detalles los concretamos en la visita.