De dónde viene la escoliosis en los adultos
En adultos encontramos dos tipos principales de escoliosis. El primero es la escoliosis idiopática, que se desarrolló en la infancia o la adolescencia y se mantuvo al terminar el crecimiento. El segundo es la escoliosis degenerativa, que suele aparecer a partir de los 50 años, cuando los discos intervertebrales y las articulaciones facetarias se desgastan de forma desigual y la columna se va curvando poco a poco hacia un lado, sobre todo en la zona lumbar.
Tener una curvatura no significa por sí solo que tenga que doler. Muchas personas con escoliosis viven toda la vida sin grandes molestias. El dolor es más frecuente en las curvaturas mayores, en la escoliosis degenerativa y cuando a los cambios se suma un estrechamiento del canal vertebral (estenosis de canal), tema que tratamos con más detalle en la página sobre la artrosis de columna.
Qué se puede esperar de forma realista de la fisioterapia
Con franqueza: en una persona adulta, la fisioterapia no va a enderezar la columna. Ni los ejercicios ni la terapia manual revierten una curvatura ya establecida, y las promesas de «enderezar» la escoliosis en adultos no tienen respaldo en la investigación. El objetivo del tratamiento es otro: menos dolor, más resistencia muscular, un movimiento más libre y seguridad en las actividades cotidianas.
Entre los métodos, merece la pena mencionar los ejercicios específicos para la escoliosis, como el método Schroth. Combinan la corrección activa de la posición del tronco con una respiración dirigida. Donde mejor se han estudiado es en adolescentes en edad de crecimiento. En adultos la evidencia es limitada, aunque algunas personas notan después menos dolor y un mejor control de la postura. Sus principios –la colocación consciente del tronco y el trabajo con la respiración– pueden ser un elemento más del plan, pero no resuelven todos los problemas.
Cómo es el tratamiento en la clínica
En la primera visita valoramos la forma de la curvatura, la movilidad del tronco, las caderas y la caja torácica, la fuerza muscular y la sensibilidad y los reflejos en las piernas. Le preguntamos cuándo aparece el dolor y si la curvatura se ha controlado antes. Si tiene una radiografía de toda la columna hecha de pie, tráigala.
Empezamos por reducir las molestias: terapia manual, trabajo sobre los músculos tensos y búsqueda de posturas más cómodas. Después pasamos al ejercicio terapéutico: fortalecimiento del tronco, los glúteos y las piernas, con ejercicios de respiración y equilibrio. Aumentamos la carga de forma progresiva, observando cómo responde.
No buscamos ejercicios perfectamente simétricos ni prohibimos los movimientos «hacia el lado malo». Una columna con escoliosis necesita moverse en todas las direcciones, y recurrimos a ejercicios unilaterales allí donde la valoración muestra una diferencia clara de fuerza o de movilidad. También ayuda mucho cambiar los hábitos del día a día: cambiar de postura más a menudo en el trabajo, hacer pausas cuando se está mucho tiempo de pie y caminar con regularidad. La mejoría del dolor y de la funcionalidad suele notarse al cabo de unas semanas, mientras que consolidar los resultados requiere varios meses de ejercicio regular.
Cuándo hace falta el traumatólogo
La fisioterapia no sustituye el control médico. Conviene acudir al traumatólogo cuando la curvatura aumenta claramente, cambia la silueta o aparecen adormecimiento, debilidad en las piernas o alteraciones de la marcha. El traumatólogo valora el ángulo de la curvatura en la radiografía y decide sobre las pruebas adicionales y la frecuencia de las revisiones. En una pequeña parte de las personas con una curvatura grande y progresiva o con síntomas neurológicos se plantea el tratamiento quirúrgico. Si quiere saber qué se puede hacer con el movimiento en su caso, puede concertar una cita a través de la página de Contacto.